Arecibo no puede seguir mirando hacia otro lado

Por Jiniangeliz De León Cordero

El Despertar Informativo

Comentario: Arecibo no puede seguir mirando hacia otro lado

La urgencia de atender una realidad que ya no se puede ignorar


El Cotto, en Arecibo. Persona durmiendo en la acera de una escuela abandonada.
Por: Jiniangeliz De León Cordero

    La situación de las personas sin hogar en Arecibo ha dejado de ser un asunto marginal para convertirse en una crisis visible, urgente y profundamente incómoda para quienes transitan a diario por el municipio. Las cifras del Conteo de Personas Sin Hogar 2024 ya advertían que el 32.6% de esta población en Puerto Rico llega a la calle a causa del uso de drogas o alcohol, pero la realidad cotidiana muestra un fenómeno que está creciendo a un ritmo preocupante: cada vez son más, y muchos ni siquiera provienen de Arecibo.


    En las luces del tránsito es común ver a tres o cuatro personas pidiendo simultáneamente, muchas veces bajo los efectos de sustancias. En las aceras, otros duermen sin resguardo alguno. Frente a las tiendas, los ciudadanos se enfrentan al dilema entre ayudar o protegerse, en un ambiente donde la compasión se mezcla con el temor y la incertidumbre. Esto no solo afecta la percepción de seguridad, sino la dignidad de todas las partes involucradas: de quienes viven en la calle y de quienes observan impotentes cómo la crisis se agrava.


    Aunque el gobierno municipal, las agencias estatales y ASSMCA han intentado implementar iniciativas, lo cierto es que el impacto sigue siendo limitado. El propio reportaje evidencia que la presencia de programas como el de metadona atrae a personas de otros municipios, pero la falta de servicios complementarios como la vivienda transicional, seguimiento clínico, apoyo psicológico y oportunidades de reintegración, convierte Arecibo en un espacio de permanencia, no de recuperación. Así, el pueblo carga con un problema para el que no está equipado.


    Decir que “hay que hacer algo” no es suficiente. Tampoco es justo depositar toda la responsabilidad en las instituciones cuando muchas de las personas afectadas no están preparadas para aceptar ayuda. Sin embargo, esa realidad no puede convertirse en excusa para permitir que continúen abandonadas a su destino. La adicción, como señaló el agente Heredia en el reportaje, es una enfermedad, y como tal, requiere acompañamiento constante, no intervenciones ocasionales.


    Una alternativa viable es lo que planteó Jorge Correa: acompañamiento directo, alguien que camine con esa persona desde el comienzo hasta el final del proceso. En otras palabras, un modelo de apoyo más humano y personalizado: trabajadoras sociales, coaches de vida, consejeros o mentores capacitados que no solo refieran servicios, sino que mantengan un vínculo continuo. Este tipo de intervención ha demostrado ser más efectiva que los programas donde los usuarios entran y salen sin seguimiento real.


    Si Arecibo pretende frenar esta crisis, necesita una estrategia integral que combine tratamiento, atención emocional, vivienda segura y acompañamiento sostenido. De lo contrario, seguirá acumulando personas en sus calles sin ofrecerles un camino viable para recuperar estabilidad.


    La crisis ya está aquí, visible en cada semáforo, en cada esquina, en cada madrugada donde alguien duerme a la intemperie. Lo que falta ahora es la voluntad, institucional y comunitaria, de atenderla con la seriedad que merece. Porque ignorar lo que ocurre frente a nuestros ojos no solo perpetúa el problema: también nos convierte en cómplices silenciosos de una emergencia que Arecibo no puede seguir permitiéndose.




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